En toda gran ciudad existen opciones de lujo que se desprenden de la oferta tradicional y representan un valor agregado, tanto por su exclusividad como por el placer que le brindan a aquellos viajeros que pueden acceder a ellas. Pero en Nueva York, estas alternativas tienen un sabor especial, seguramente debido a la fama de ciertos nombres o marcas, o a la mística que envuelve a algunos sitios de esta metrópoli única.
Lógicamente, en La Gran Manzana hay a disposición infinidad de propuestas lujosas; y si tenemos en cuenta una estadía breve, la selección puede ser tan difícil como obvia. Difícil porque costaría mucho decidirse por una u otra opción, pero obvia porque a la hora de hacerlo aparecen nombres que son, decididamente, ineludibles en este rubro.
La confortable elegancia del Waldorf Astoria.
Para empezar, claro, hay que elegir un hotel. En ese sentido, se impone, sin dudas, el Waldorf Astoria. Símbolo inequívoco no sólo de Nueva York sino también de Estados Unidos, en 1999 fue designado Tesoro Nacional por el National Trust Historic of America. Ubicado en la elegante Park Avenue, entre las calles 49 y 50, su frente engalana esta zona de la avenida que, aunque cueste creerlo, hacia 1870 sólo era una arteria semiabandonada ocupada únicamente por unas pocas vías de ferrocarril, algunas fábricas y varios amplios espacios donde era depositada la basura del resto de la ciudad.
Tanto la fachada exterior -en la que sobresale el nombre del hotel en letras doradas– como los interiores deslumbran por su distinción. Y no es para menos, ya que esta construcción -al igual que el Chrysler Building y el Rockefeller Center– es una obra maestra del art déco que, apenas abrió sus puertas, se convirtió en el lugar elegido para concretar los eventos sociales más glamorosos de la ciudad.
Con su estilo señorial, que combina a la perfección lujo y tradición, el Waldorf Astoria les ofrece a sus huéspedes un magnífico lobby adornado con sofisticados murales, elegantes columnas, maravillosas arañas, finos azulejos, paneles con incrustaciones de ébano, un inmenso y maravilloso mosaico circular que da pena pisar y el techo decorado con delicadas ornamentaciones de oro y plata. Hacia uno de los extremos, en un delicado apartado, un soberbio piano de cola aporta el porcentaje de madera que siempre rubrica la elegancia de cualquier sitio. Hacia el otro lado, entre deslumbrantes alfombras y cómodos sillones, un bellísimo reloj de bronce y caoba –cedido por la Golsmith Company de Londres para la exhibición World’s Fair que se realizó en Chicago en 1893– termina por definir la entrada.
En cuanto a los servicios, el establecimiento cuenta con 1.120 espaciosas habitaciones y 95 suites. Entre sus 25 salones para banquetes y reuniones sobresalen el Starlight Roof y The Garden Ballroom, sitios que han recibido -y continúan haciéndolo- a lo más selecto de la sociedad de Nueva York así como a numerosas estrellas del cine y la música. En el piso 19, los huéspedes pueden hacer uso del Plus One Fitness Center, que ofrece servicio de personal-trainer además de masajes, diversas terapias relajantes y tratamientos con hierbas.
Pero si el visitante quiere darse un lujo exclusivo, entre los pisos 28 y 42 funciona The Waldorf Towers, que en realidad es un hotel independiente dentro del mismo hotel. Se trata de 180 habitaciones distribuidas en un sofisticado ambiente de estilo europeo y con entrada propia -por la calle 50- y lobby privado.
En cuanto a la gastronomía, en el Waldorf Astoria se encuentra el Peacock Alley, uno de los restaurantes especializados en comida francesa más afamados de Nueva York. El Bull & Bear, por su parte, se dedica con exclusividad a los pescados, las carnes y las cervezas. La comida internacional puede degustarse en Oscar’s, mientras que en el Inagiku -de sutil decoración oriental– se sirven los mejores platos de origen japonés. Para los tragos o el café son ideales el Peacock Alley Lounge y el Cocktail Terrace, este último situado en el lobby y con vista a Park Avenue.
El inconfundible sello de Tiffany.
Si el visitante que está en Nueva York quiere darse el lujo de hacerse o hacer un regalo único, entonces no deberá dudar en concurrir a Tiffany, una de las joyerías más afamadas del orbe. Si bien actualmente la marca está presente en otras ciudades de Estados Unidos y del mundo, su legendario local de la 5º Avenida y la calle 57 sigue siendo el más atractivo. Fundada por Charles Lewis Tiffany y Teddy Young en 1837, inició su actividad en el bajo Manhattan, dedicada a los artículos de papelería, hasta que lentamente la creación de sofisticadas joyas fue imponiéndose como negocio y en 1940 la compañía se instaló en la dirección mencionada. Además de su prestigio y magníficos productos, cuenta entre sus “pertenencias” el llamado Azul Tiffany, color que es una marca registrada de su propiedad.
Alguien alguna vez la definió como “la casa de la esencia del diamante en estado puro”, y al respecto cabe detallar que Charles Lewis Tiffany -inglés de nacionalidad- fue el creador del “Tiffany Setting”, un anillo cuyo brillante nunca ha sido superado en valor y que fue denominado “el Rey de los diamantes”. Es el que se utiliza como anillo de compromiso, soñado por millones de mujeres en el mundo entero.
Según afirman los expertos, las mejores piezas de la joyería se concibieron para ser realizadas en platino, ya que montadas sobre este metal precioso se asegura la óptima adherencia de las piedras preciosas. Además, la pura y blanca luminosidad del metal exalta la luz blanca que emana de la piedra, destacando la sensualidad única de la calidad de los diamantes Tiffany, algunas de cuyas colecciones son Circle, Jazz, Legacy y Swing.
Bien lo sabía la entrañable Holly Golightly, el personaje de la hermosa novela de Truman Capote, “Desayuno en Tiffany”. Seducida por el brillo que emanaba de la vidriera, cada tanto ingresaba al local a deleitar sus ojos, asegurando que “allí adentro nada malo podía sucederle”.
Claro que aparte de sus famosos anillos, la casa de joyas dispone de un abanico de productos que incluye brazaletes, aros, collares, pendientes, relojes para hombres y mujeres, tarjeteros, broches, lapiceras, lentes y fragancias. Muchos de ellos son obras de reconocidos diseñadores como Paloma Picasso, Elsa Peretti, Jean Schlumberger y Frank Gehry.
La mística del Four Seasons Restaurant.
Una estadía de lujo merece una cena a la altura de las circunstancias. En Nueva York, como es lógico, las opciones son infinitas. Pero existe un lugar que resulta el ideal no sólo para saborear menúes de alto nivel sino también para deleitarse con la ambientación de sus instalaciones. Se trata del restaurante Four Seasons, que funciona en el Seagram Building, sobre la calle 52, entre las avenidas Park y Lexington. El edificio tiene más de 50 pisos de vidrios ámbar con el aire de diseño de la
escuela Bauhaus; en tanto el restaurante -que abrió sus puertas en 1959-
cuenta con fantásticos interiores diseñados por los prestigiosos arquitectos Mies van der Rohe y Philip Jonson. El amplio local está dividido en dos salones: el Pool Room, de atmósfera romántica; y el Grill Room, más frecuentado por empresarios u hombres de negocios. En cuanto a la decoración, incluye no sólo árboles y una piscina sino también pinturas de Jackson Pollock, Willem de Kooning y Franz Kline, además de un enorme tapiz de Pablo Picasso de 1927.
Desde sus comienzos, el Four Seasons -que nada tiene que ver con la cadena hotelera del mismo nombre- se ha caracterizado por tener una clientela de celebridades, que a lo largo de los años ha incluido a los escritores Truman Capote, Tom Wolfe y Mario Puzo; Henry Ford, Leonard Bernstein, Sammy Davis Jr., Bette Davis, Jackie Onassis, John F. Kennedy ( que siendo presidente festejó aquí sus 45 años, en 1962); Elizabeth Taylor y Orson Welles, entre tantos otros.
Y en cuanto a la gastronomía, aquí el visitante tiene a disposición una carta que, si bien no es tan amplia, apunta perfectamente a una experiencia de gran nivel para el comensal, con una perfecta combinación de sofisticados sabores en los tres pasos clásicos.
Entre las entradas sobresalen el salmón ahumado a la escocesa, caviar de beluga, Olimpia de ostras y carpaccio de atún en salsa de jengibre y coriandro. También hay una opción de entrada caliente: fettucine con trufas blancas. En cuanto a los platos calientes, se destacan el lomo de búfalo con salsa de tomates y el salmón del Atlántico con salsa de estragón. A la vez,
dentro de los pescados figuran la tarta de cangrejo con salsa de mostaza y el atún a la suiza. La carta de vinos, en tanto, contempla prestigiosos caldos de bodegas americanas, francesas e italianas.
Lluvia de neones sobre el río.
Por último, después de haber recorrido los principales atractivos de la ciudad, y cerca ya del final de la estadía, nada mejor que tomar un sofisticado crucero para cenar y disfrutar de las estupendas vistas de Manhattan mientras se navega por los ríos East y Hudson.
Una de las empresas que presta este servicio es la New York Dinner Cruise, cuyas embarcaciones parten desde la Terminal Chelsea Piers, en el West Side, a la altura de la intersección de la calle 21 con la avenida 12.
Desde allí inicia su itinerario de tres horas el Celestial, un barco de estilo europeo y construido íntegramente en cristal, de modo tal que los visitantes puedan apreciar las mejores panorámicas de La Gran Manzana.
El paseo incluye una cena gourmet, atmósfera de exclusividad, vinos finos y jazz en vivo. El menú está basado en comida americana pero con una sofisticada influencia de las gastronomías asiática, francesa y mediterránea.
De este modo, con el romántico fondo musical de Cole Porter o George Gershwin ejecutado por un trío acústico de piano, bajo y guitarra, y saboreando un exquisito plato en base a salmón, sólo queda obnubilarse con los fulgurantes perfiles nocturnos de esta maravillosa ciudad -el puente de Brooklyn, el Empire State, el Chrysler Building- y contemplarla tal y como la contempló con tanta poética certeza el genial Truman Capote: como un iceberg de diamante.
Días de lujo en el iceberg de diamante
- Waldorf Astoria: 301 Park Avenue. Check in: a las 15; check out: a las 12. Tarifa: desde US$ 410 por noche por persona, en base doble. Informes: [email protected]?. - Tiffany: 727 5th Avenue. Horario: de lunes a sábado, de 10 a 19; domingos, de 12 a 18. En cuanto a los precios, depende de la pieza o producto que desee el viajero. Puede oscilar entre los US$ 500 y, claro, el millón. Informes: www.tiffany.com - Four Seasons Restaurant: 99 East 52 Street. Horarios: de lunes a viernes: almuerzo, de 12 a 14.30; cenas, de 17 a 22. Sábados, de 17 a 23.30. No abre los domingos. Menúes desde US$ 60. - New York Dinner Cruise: los cruceros parten a las 19 desde la terminal Chelsea Piers, sobre el río Hudson. El servicio incluye cena gourmet, atmósfera de exclusividad, vinos finos y jazz en vivo. Un menú especial con champaña arranca en los US$ 170.
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