Nueva Orleans es una de las ciudades más fascinantes del mundo. Está ubicada en el estado de Luisiana, sobre el extremo sur del río Mississippi, cercana al golfo de México.
El destino que late al son del jazz
La ciudad fue fundada por los franceses en 1718, quienes se la cedieron a España y después la recuperaron. En 1803 pasó a formar parte de la Unión americana.
Parte de su riqueza cultural radica en las influencias que tiene de sociedades tan diversas como la europea, africana y caribeña. Todo este crisol se percibe en su música, arquitectura, festividades, bailes y gastronomía.
Al caminar por sus calles se aprecia la sucesión de bares que ofrecen cerveza artesanal local e importada, clubes de jazz repletos de fanáticos de este género, galerías de arte y mercados de productos regionales, entre otros atractivos.
Un hecho histórico que carga de mística a esta ciudad está relacionado con la literatura. Cuando Thomas Lanier Williams III (mucho más conocido como Tennessee Williams) se instaló a vivir en el número 722 de la calle Toulouse, en Nueva Orleans, a comienzos de los ’40, llevó consigo el boceto de una obra de teatro. La pieza se llamaba “La noche de póker” y transcurría en Chicago o Atlanta. Pero bastó unos pocos años de vivir allí para que la ciudad ganara definitivamente su afecto y se impusiera sutilmente. Cuando se mudó a otro departamento en la metrópoli, el del número 632 de St. Peter, la obra había mutado definitivamente. Llevaba otro nombre, “Un tranvía llamado deseo”, y tenía a la urbe como escenario. Así fue estrenada en Broadway (Nueva York), en 1947, y así trascendería para convertirse en una de las mayores obras clásicas del teatro estadounidense del siglo XX.
Para quienes visiten el destino por primera vez, un hito desde donde comenzar a recorrer la ciudad es el barrio French Quarter, actual corazón de la urbe y sitio que atesora huellas del pasado. Los atractivos aparecen delante de los ojos a cada paso, porque una de las principales riquezas del barrio es la arquitectura, con reminiscencias europeas.
Por ejemplo, desandando la calle Chartres se puede apreciar el antiguo convento de las Ursulinas –el edificio más antiguo en el valle del río Misisipi–. Mientras que sobre la calle Real se alinean todas las galerías de arte, que si bien no ofrecen obras a precios accesibles, permiten recorrer sus salas. En este barrio también se encuentra la Catedral de St. Louis, Faulkner House Books y el Parque Jackson.
Además, se encuentra la zona de compras de la plaza Jackson, el puerto –con su propuesta de botes de remo– y el Audubon Aquarium of the Americas.
Otro atractivo repleto de leyendas y con una destacada belleza arquitectónica son los cementerios. Sólo una ciudad tan vanguardista pudo hacer de estos sitios un atractivo turístico. Dado que la ciudad está construida sobre un pantano los entierros se realizan en elaboradas criptas y mausoleos de piedra. Esto hizo que con el tiempo los cementerios, repletos de ornamentadas esculturas y trabajos en piedra, se convirtieran en pequeños pueblos, a los que se denomina "Ciudad de los Muertos". Alli se organizan visitas guiadas repletas de leyendas e historias. Algunos de los más famosos son el St. Louis Cemetery, St. Patrick's Cemetery y el Gates of Prayer Cemetery.
Por otra parte, para quienes gustan de las compras, Royal Street es una de las calles más refinadas y distinguidas del barrio French Quarter, donde se suceden tiendas elegantes de antigüedades, boutiques, joyerías, galerías de arte –de similar categoría a las que se pueden encontrar en Nueva York o San Francisco–, hoteles 5 estrellas y restaurantes de lujo, como Brennan's, Mr. B's Bistro y The Court of Two Sisters.
AL RITMO DEL JAZZ.
La historia asegura que el jazz surgió a fines del siglo XIX en Nueva Orleans. El lugar donde se produjo la combinación de estilos y ritmos que culminaron con el género musical que más identifica a Estados Unidos, que luego se expandiría por el mundo con toda clase de variaciones.
La cartelera de jazz es de lo más amplia y variada. Un imperdible es el Preservation Hall (726 St. Peter St.), que no sólo es un espacio de conciertos; también es el nombre de una banda, de un sello de grabación y de una organización sin fines de lucro que busca preservar el jazz tradicional de la urbe.
Otras lugares para escuchar buen jazz son el Café Beignet (311 Bourbon St.), Fritzel´s (733 Bourbon St.) y Maison Bourbon (641 Bourbon St.). Asimismo, sobre Frenchmen Street hay un club al lado de otro. Sin embargo, el evento artístico más destacado del destino y reconocido a nivel internacional es el New Orleans Jazz & Heritage Festival, que tendrá lugar del 22 de abril al 1° de mayo de 2016. Durante 10 días, en el New Orleans Fair Grounds, se disponen 12 escenarios en los que se presentan lo mejor del jazz, gospel, blues, rock, funk, folk y música étnica del Caribe, África y Sudamérica, entre otros géneros. Además, el festival complementa los espectáculos musicales con puestos de comidas regionales y artesanías.
El objetivo del festival es mostrar lo mejor de la música local; aunque también formaron parte de este evento en ediciones anteriores Aretha Franklin, Miles Davis, Bob Dylan, Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Santana, Paul Simon, Max Roach, BB King, Dave Matthews Band y The Temptations.
FESTEJOS SIN PAUSA.
Otros atractivos que dispone este destino son sus festivales y celebraciones. Por ejemplo, cientos de turistas llegan a Nueva Orleans para divertirse y colgarse los collares característicos del Mardi Gras. Si bien esta celebración se realiza en todo el mundo, en ningún otro lugar se vive con la misma intensidad. Se lleva a cabo en el French Quarter los días previos a que comience la Cuaresma, según lo indique el calendario católico. Durante estos días se organizan desfiles, fiestas y bailes de disfraces, en una atmósfera de diversión y frenesí constante.
Otra celebración de renombre y que se vive con intensidad es el Día de San Patricio, cada 17 de marzo. El mejor lugar para disfrutarlo es el Parasol’s Bar, ubicado en el Irish Channel, un barrio al que se lo bautizó de este modo porque concentraba muchas familias de origen irlandés.
Finalmente, no debe dejarse pasar el Oktoberfest, que se celebra en Nueva Orleans todos los fines de semana de octubre. En este festival se pueden disfrutar la música, la danza, las tradiciones, las cervezas y los platos típicos de Alemania.
Asimismo, uno de los aspectos más destacados de los festivales es la gastronomía que los acompaña. Siempre están presentes los platos más tradicionales como el gumbo, un tipo de guiso suculento y especiado al que se le puede agregar carnes rojas, pescados, mariscos, pollo o salchicha; y que se sirve acompañado con arroz blanco. Dos condimentos básicos son el sasafrás y la hoja de laurel.
Dónde hospedarse: en el histórico Hotel Monteleone, en el corazón del French Quarter. Posee 600 habitaciones. Su restaurante Criollo ofrece un menú basado en recetas típicas locales e ingredientes naturales, mientras que el Carousel Bar & Lounge, inmortalizado por Ernest Hemingway, es el único bar giratorio de la ciudad.
Clima: al estar ubicada en el golfo de México, Nueva Orleans tiene un clima relativamente cálido durante todo el año. El verano es la estación ideal porque, a pesar de las temperaturas elevadas, las brisas de la costa amenizan las jornadas. Un dato a tener en cuenta es que las postrimerías de la primavera y el otoño son épocas de intensas lluvias.
Informes: www.neworleanscvb.com.
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