El silencio reinante se interrumpe solo por momentos cuando el viento patagónico sopla y se hace oír con ímpetu. A pesar de que los rayos del sol atemperen el ambiente, pues estamos a pocos días del inicio de la primavera, aún quedan algunos resquicios del invierno, sobre todo en estos escenarios remotos, deshabitados y solitarios, del Parque Nacional Los Alerces.
Esta es una de las mejores épocas para adentrarse en ese enorme espacio natural que ocupa 263 mil hectáreas y que tiene como antesala a Esquel (Chubut), poblado ubicado en un plácido valle y rodeado de montañas que rondan los 2.000 m. En primavera la naturaleza transmuta y resurge con todo su color: los tonos ocres, rojos y verdes tiñen las hojas de los árboles; el sol ilumina los arrayanes con sus cortezas claras, así como coihues, cañas, helechos y plantas epífitas varias; mientras que los animales comienzan a salir de sus guaridas para mostrarse. Pero el máximo protagonista de estos parajes es el alerce, con exponentes jóvenes que acreditan unos 300 años; o los más ancianos que pueden superar los 4.000 años.
A diferencia de lo que ocurre con los bosques de arrayanes o con cualquier plantación de pinos, los alerces no se agrupan en grandes conjuntos de árboles milenarios, sino que están aquí y allá salpicando la selva fría en forma desprolija. Para acercarse a uno de ellos -por caso un ejemplar de 2.600 años, 60 m. de altura y 2,2 m. de diámetro en su base-, lo ideal es tomar una excursión que parte desde Puerto Limonao y navega el lago Futalaufquen, río Arrayanes y el lago Verde hasta llegar a Puerto Mermoud. Luego continúa con una caminata hasta Puerto Chucao en donde se embarca nuevamente para navegar el lago Menéndez. Al llegar al puerto Sagrario se desembarca para realizar una caminata por la selva fría, que lleva al Alerzal milenario.
La otra opción es combinar una pequeña caminata de 20 minutos para abordar el catamarán directamente desde Puerto Chucao, haciendo más corta la navegación y arribando al mismo destino.
Desafío natural.
Los lagos se suceden como una cadena interminable enlazados por ríos y vertientes, que invitan a descubrirlos. Uno de ellos es el Krugger, ubicado al oeste del Futalaufquen, destino preciado por los pescadores, ya que en su estrecho de los Monstruos se pueden capturar truchas de gran tamaño. Hay dos formas de llegar hasta el lugar, una es en lancha y la otra es mediante un sendero que requiere más de 12 horas de caminata desde la Intendencia.
Entre las fuentes de agua se erigen los cerros, algunos de ellos coronados por nieves eternas. Algunos visitantes desafían las alturas y se lanzan a una aventura única como la que depara el cerro Cocinero, que se alza a 2.340 m., en el cordón Situación, al sur de Villa Futalaufquen. Alcanzar su cumbre es complicado para quien no está preparado y su trayecto demora entre tres o cuatro horas en un sendero tapizado por lengas, maitenes y cipreses.
Un destino obligado es la cascada Nant y Fall, una reserva provincial que protege la belleza paisajística y el ecosistema típico del bosque andino. Ubicada a 17 km. de Trevelin y a 39 km. de Esquel, es un conjunto de 7 saltos, de los cuales se accede por pasarelas a cuatro de ellos. El trazado de los senderos permite disfrutar y compenetrarse con todo el entorno.
Los amantes del turismo aventura pueden optar por: cabalgatas y mountain bike por circuitos de 12 kilómetros bordeando la laguna La Zeta; rappel y escalada, montañismo en los cerros Alto El Dedal y Alto El Petiso, ambos con una altura superior a los 1.900 m.
Un paseo por la historia.
Como los alerces, el Viejo Expreso Patagónico La Trochita es un sobreviviente de los tiempos remotos, que hoy sigue desandando camino con sus máquinas a vapor y su trocha angosta de 75 cm. Un auténtico museo en movimiento que comenzó a funcionar en 1945 y actualmente ofrece una excursión desde Esquel, cuya estación Nahuel Pan es morada de la comunidad mapuche.
Durante el viaje, los pasajeros pueden deleitarse con exquisitas tortas de frutilla, frambuesa, guinda y chocolates calientes o gaseosas. Luego de una hora y media de trayecto, el convoy se detiene y los pasajeros pueden descender en El Maitén, visitar algunos locales de artesanías realizadas por aborígenes locales o escuchar su música mientras la máquina maniobra para preparar el regreso.
Destinos que se abren en torno a Esquel.
En las inmediaciones se emplaza Trevelin, un pueblo galés desde donde parten varios circuitos relacionados con esa cultura para adentrarse en sus capillas o degustar la gastronomía típica. Otras propuestas están relacionadas con los mapuches, por ejemplo, en lago Rosario hay una comuna rural donde en la actualidad se puede visitar la "Casa de las Artesanas", que exhibe el hilado inconfundible de las tejedoras del lugar.
Ubicado al norte de Esquel, por la ruta Nº 71, Cholila es un típico pueblo cordillerano, apacible y rodeado de montañas y lagos, con historias y leyendas de larga data. Existen en el área numerosos lagos como el Cholila, Lezama, Pellegrini, ideal para los amantes de la pesca deportiva. Además, allí se afincaron en 1902 James Ryan (Butch Cassidy), Sundande Kidy y Etta Place, tradicionales bandoleros de fama internacional de quienes hoy aún quedan testimonios en pie.
Esta es una de las mejores épocas para adentrarse en ese enorme espacio natural que ocupa 263 mil hectáreas y que tiene como antesala a Esquel (Chubut), poblado ubicado en un plácido valle y rodeado de montañas que rondan los 2.000 m. En primavera la naturaleza transmuta y resurge con todo su color: los tonos ocres, rojos y verdes tiñen las hojas de los árboles; el sol ilumina los arrayanes con sus cortezas claras, así como coihues, cañas, helechos y plantas epífitas varias; mientras que los animales comienzan a salir de sus guaridas para mostrarse. Pero el máximo protagonista de estos parajes es el alerce, con exponentes jóvenes que acreditan unos 300 años; o los más ancianos que pueden superar los 4.000 años.
A diferencia de lo que ocurre con los bosques de arrayanes o con cualquier plantación de pinos, los alerces no se agrupan en grandes conjuntos de árboles milenarios, sino que están aquí y allá salpicando la selva fría en forma desprolija. Para acercarse a uno de ellos -por caso un ejemplar de 2.600 años, 60 m. de altura y 2,2 m. de diámetro en su base-, lo ideal es tomar una excursión que parte desde Puerto Limonao y navega el lago Futalaufquen, río Arrayanes y el lago Verde hasta llegar a Puerto Mermoud. Luego continúa con una caminata hasta Puerto Chucao en donde se embarca nuevamente para navegar el lago Menéndez. Al llegar al puerto Sagrario se desembarca para realizar una caminata por la selva fría, que lleva al Alerzal milenario.
La otra opción es combinar una pequeña caminata de 20 minutos para abordar el catamarán directamente desde Puerto Chucao, haciendo más corta la navegación y arribando al mismo destino.
Desafío natural.
Los lagos se suceden como una cadena interminable enlazados por ríos y vertientes, que invitan a descubrirlos. Uno de ellos es el Krugger, ubicado al oeste del Futalaufquen, destino preciado por los pescadores, ya que en su estrecho de los Monstruos se pueden capturar truchas de gran tamaño. Hay dos formas de llegar hasta el lugar, una es en lancha y la otra es mediante un sendero que requiere más de 12 horas de caminata desde la Intendencia.
Entre las fuentes de agua se erigen los cerros, algunos de ellos coronados por nieves eternas. Algunos visitantes desafían las alturas y se lanzan a una aventura única como la que depara el cerro Cocinero, que se alza a 2.340 m., en el cordón Situación, al sur de Villa Futalaufquen. Alcanzar su cumbre es complicado para quien no está preparado y su trayecto demora entre tres o cuatro horas en un sendero tapizado por lengas, maitenes y cipreses.
Un destino obligado es la cascada Nant y Fall, una reserva provincial que protege la belleza paisajística y el ecosistema típico del bosque andino. Ubicada a 17 km. de Trevelin y a 39 km. de Esquel, es un conjunto de 7 saltos, de los cuales se accede por pasarelas a cuatro de ellos. El trazado de los senderos permite disfrutar y compenetrarse con todo el entorno.
Los amantes del turismo aventura pueden optar por: cabalgatas y mountain bike por circuitos de 12 kilómetros bordeando la laguna La Zeta; rappel y escalada, montañismo en los cerros Alto El Dedal y Alto El Petiso, ambos con una altura superior a los 1.900 m.
Un paseo por la historia.
Como los alerces, el Viejo Expreso Patagónico La Trochita es un sobreviviente de los tiempos remotos, que hoy sigue desandando camino con sus máquinas a vapor y su trocha angosta de 75 cm. Un auténtico museo en movimiento que comenzó a funcionar en 1945 y actualmente ofrece una excursión desde Esquel, cuya estación Nahuel Pan es morada de la comunidad mapuche.
Durante el viaje, los pasajeros pueden deleitarse con exquisitas tortas de frutilla, frambuesa, guinda y chocolates calientes o gaseosas. Luego de una hora y media de trayecto, el convoy se detiene y los pasajeros pueden descender en El Maitén, visitar algunos locales de artesanías realizadas por aborígenes locales o escuchar su música mientras la máquina maniobra para preparar el regreso.
Destinos que se abren en torno a Esquel.
En las inmediaciones se emplaza Trevelin, un pueblo galés desde donde parten varios circuitos relacionados con esa cultura para adentrarse en sus capillas o degustar la gastronomía típica. Otras propuestas están relacionadas con los mapuches, por ejemplo, en lago Rosario hay una comuna rural donde en la actualidad se puede visitar la "Casa de las Artesanas", que exhibe el hilado inconfundible de las tejedoras del lugar.
Ubicado al norte de Esquel, por la ruta Nº 71, Cholila es un típico pueblo cordillerano, apacible y rodeado de montañas y lagos, con historias y leyendas de larga data. Existen en el área numerosos lagos como el Cholila, Lezama, Pellegrini, ideal para los amantes de la pesca deportiva. Además, allí se afincaron en 1902 James Ryan (Butch Cassidy), Sundande Kidy y Etta Place, tradicionales bandoleros de fama internacional de quienes hoy aún quedan testimonios en pie.

